Libros (ficción) que han marcado mi 2015

Cada final de año asistimos a una suerte de fiebre por las listas de todo tipo, quizá, en un afán de hacer (re)cuento de cómo ha ido el año, qué hemos hecho, qué ha sido lo mejor y lo peor, en definitiva, de contabilizar, de alguna manera, nuestros sentimientos, emociones, estados de ánimo…, con el fin de dar un cariz cuantitativo a cuestiones del alma.

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Son famosas -y numerosas- las listas de libros: los más leídos, los más vendidos, los más premiados, los más polémicos, ficción, no ficción, infantil, juvenil, cómic…, las clasificaciones serían interminables. La única variable fija en todas estas listas es que se trata de libros publicados en 2015. Con la cantidad de libros que se publican en España al año -según el Observatorio del Libro y la Lectura, diariamente se registran 250 nuevos títulos-, cualquier libro que no se haya publicado en el año que acaba se trata de algo pasado de moda, olvidado. No sé a vosotros, pero a mí no me da tiempo a leer al ritmo en el que se producen los libros en el sector editorial. Además, creo firmemente que cada libro llega -y a veces vuelve- en un determinado momento de nuestra vida, en el momento oportuno, justo y exacto, porque… ¿Para qué sirve la literatura si no es para dar respuesta a las preguntas de nuestra vida? Los libros son nuestros interlocutores y cada libro establece un diálogo con el lector en el momento justo, cuando ha de producirse. Por eso yo quiero hacer mi lista basándome en los libros que me han aportado algo en este 2015, ya sean títulos publicados este año o en año anteriores.

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En esta ocasión voy a elegir once títulos de ficción -porque para mí el 11 es un número mágico- y en otro post seleccionaré otros once de no-ficción, porque la realidad y la ficción son dos caras de la misma moneda, inseparables y necesarias. Así pues, de todos los libros de ficción que he leído este año los once que me han marcado, de una manera u otra, y que os recomiendo son:

  1. Los besos en el pan de Almudena Grandes (Tusquets Editores). No podía comenzar la lista por otro libro que no fuera el de mi admirada y querida Almudena. Nada más ver la portada, los ojos de esa niña, que mira más allá de un cristal y de la lluvia, supe que esta nueva novela de Almudena me cautivaría. Le debo una reseña y espero escribirla muy pronto. Para aquellos que sufrimos las consecuencias de la crisis pero seguimos teniendo esperanza.
  2. Amarga Luz de Marga Clark (Editorial Funambulista). Descubrí la historia de Marga Gil Roësset a través de la prensa, cuando se publicó el diario que la escultora dejó al poeta Juan Ramón Jiménez la mañana del día en que había decidido suicidarse. La historia de esta mujer de vanguardia, desconocida por mí hasta ahora atrajo poderosamente mi atención. Durante la Feria del Libro de Málaga conocí a su sobrina, Marga Clark, con quien he establecido una bonita amistad. Ella es la autora de este libro, Amarga Luz, a caballo entre la ficción y la realidad, sutil, poético e imprescindible para conocer la historia novelada de esta artista. Para los que les interese completar la historia, casi siempre incompleta.
  3. Daniela Astor y la caja negra de Marta Sanz (Anagrama). Ha sido otro de los grandes hallazgos del año. Descubrir la narrativa de Marta Sanz es como entrar en un mundo nuevo donde las palabras bailan a otro ritmo. Esta novela es una crónica sentimental y secuencial de la transición democrática, sorprendente, que no te deja indiferente. Marta ha ganado este año el prestigioso Premio Herralde de Novela con Farándula (Anagrama), que me han dicho que es lo mejor que ha escrito hasta el momento. Para los que tengan ganas de vivir nuevas experiencias narrativas.
  4. La habitación oscura de Isaac Rosa (Seix Barral). Ya había descubierto a este gigante de la narrativa con otras novelas anteriores como El país del miedo (Seix Barral). En La habitación oscura, Isaac Rosa aborda nuestra realidad más inmediata -la crisis económica y sus consecuencias- desde la ficción, de forma metafórica y magistral. Para los que sean capaces de atreverse a (sobre)vivir en la oscuridad.
  5. Democracia de Pablo Gutiérrez (Seix Barral). En esta novela Pablo Gutiérrez reflexiona sobre el significado que tiene en el momento actual la palabra ‘democracia’. Describe, desde la ficción, las consecuencias que sobre la colectividad ha tenido la caída de Lehman Brothers, y cómo, a partir de ese momento, la economía ha entrado y desestabilizado todos los órdenes de la vida. Para los que luchan cada día por una sociedad mejor.
  6. Demonios familiares de Ana María Matute (Destino). Muchos conocéis mi pasión por la narrativa de posguerra y mi debilidad por las escritoras de esta época. Para los amantes de la narrativa de la gran Matute, su última novela inacabada.
  7. El proyecto esposa de Graeme Simsion (Salamandra). Lo leí durante el verano y es de esas lecturas frescas, ágiles, que te hacen reír y sonreír todo el tiempo. Me lo recomendó un alto directivo de un gran grupo editorial. Para los que quieran pasar un buen rato.
  8. Amor en juego de Elena Ferrándiz (Thule Ediciones). Mi amor a esta editorial es algo declarado públicamente. Me encantan sus libros ilustrados y éste lo compré durante la pasada Feria del Libro de Madrid. Para aquellos que sean capaces de (ex)poner su amor sobre el tablero.
  9. Agujetas en las alas y 88 razones para seguir volando de Dani Rovira (Aguilar). Porque la  pasión y la humanidad que pone Dani Rovira en todo lo que hace se nota. 88 pequeñas historias que no te dejaran indiferente. Para aquellos a los que no les detiene nada ni nadie.
  10. Farewell de Rafa Yáñez (Adeshoras). Y dejo la poesía para el final, este libro es una apuesta personal porque creo que la poesía nos enseña a descifrar la vida, nos conecta con algo que va más allá de las apariencias. Contiene un magnífico prólogo del gran poeta Luis García Montero. Para aprender a leer el silencio.
  11. Imaginemas de Pablo Bonet Ayllón (poeta) y Carlos Bolívar Girón (fotógrafo) (Adeshoras). Una perfecta fusión entre la palabra y la imagen, para contar lo cotidiano a través del arte. Para aquellos que saben mirar más allá.

No están todos los que son, ni son todos los que están, pero son los que han marcado mi 2015.  Algunas de las páginas que me han acompañado durante el camino recorrido en estos 365 días, que me han dejado huella por diferentes motivos. Espero que os gusten.

Os deseo un 2016 repleto de felices y reveladoras lecturas.

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D.E.P. Café Comercial

¡El Café Comercial ha muerto!

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Sus puertas han dejado de girar. Cierra uno de los lugares más emblemáticos -y castizos- de Madrid. El Café Comercial abrió sus puertas en 1887, una época en la que los cafés se convirtieron en los sitios preferidos de reunión de intelectuales, pintores, poetas, dramaturgos, periodistas, políticos, filósofos y demás letraheridos, quienes, acompañados de un café, una caña, un chato de vino o un vermú, dedicaban largas horas a debatir sobre el futuro de España, sobre el Arte y sobre la Esperanza. Los cafés fueron cuna generacional de muchos de nuestros ilustres literatos y muchas de las páginas más bellas de nuestra literatura fueros hilvanas al calor de sus frías mesas de mármol.

Interior

El Café Comercial tiene ese aire señorial y de abolengo, reflejo de la estética finisecular en la que surge: techos altos, imponentes columnas, grandes espejos, sillones de piel… El Café Comercial invita al pensamiento, a la reflexión, a la lectura, al diálogo y a la conversación. Sus paredes han escuchado secretos inconfesables y proyectos renovadores y revolucionarios.

Placa

Allí quedé por primera vez (2004) con aquella escritora a la que tanto admiraba y que hoy (muchos años después) es una de mis grandes amigas: Almudena Grandes. Allí hablamos de Lulú y Malena, que, por aquel entonces, eran dos de mis personajes favoritos. Allí, en una de sus mesas del fondo, comenzó una amistad que no ha hecho más que crecer y fortalecerse, libro a libro, año a año. Allí conocí también al poeta Luis García Montero. Allí pasé horas con amigos ideando proyectos culturales o reflexionando sobre lo que de verdad importa: el amor y la vida.

Bilbao

Viví varios años en la C/ Divino Pastor, muy cerca del Café Comercial y cada día pasaba por delante de sus puertas giratorias, tras las que se escondía un incesante y revoltoso murmullo de palabras.

El Café Comercial se ha quedado en silencio, tan callado…

Con sus puertas se cierra una parte muy importante de nuestra intrahistoria.

D.E.P. Café Comercial

El Arte Ausente

El Arte Ausente

María Zambrano escribió a propósito de Vélez-Málaga, su tierra natal: “Siendo el arte un don recibido y, al par, una inspiración humana, resulta un tanto misterioso que se den lugares privilegiados, como manifiesta ser este pequeño rincón llamado Vélez-Málaga… Algo … Sigue leyendo

“El bosque escrito: una poética decimonónica para el siglo XXI”. Homenaje al Dr. Félix Ernesto Chávez

UN INSTANTE EN LA HISTORIA DEL MUNDO

 “La inmensa rueda cuesta abajo

aplasta aquellas malvas que vimos anteayer

ignoro el misterio de la vida en el segundo que acaba

pero la belleza también tiene estas cosas”

La devastación. Félix Hangelini

Lo primero que quiero decir es que me gustaría no estar aquí esta tarde. Que no existiera este homenaje y que Félix no se hubiera ido… Pero bien es cierto que cuando las voces se apagan sólo nos queda poner nuestra voz, seguir recordando, mantener viva la memoria para que, paradójicamente, nunca se apague la VOZ de quien se ha ido.

Félix Ernesto Chávez, además de un brillante investigador y un magnífico profesor, desdobló su YO POÉTICO en la persona de Félix Hangelini, un YO que nos cuenta (en prosa o en verso) su visión del arte, de la literatura, del mundo, de la vida, de la muerte, de la existencia.

El espacio virtual le permite al escritor Hangelini un diálogo con él mismo y con los otros;   le concede el privilegio de borrar las fronteras geográficas y derribar los muros que lo mantienen alejado de su familia y amigos, de su querida Habana; le proporciona la inmediatez de hacer llegar a los suyos (a todos sus seguidores) su obra, sus poemas, sus reflexiones o sus estados de ánimo; y, por último, le facilita la interacción, el feedback inmediato de aquellos que le siguen, de aquellos que lo leen.

El significado de “El bosque escrito” (titulo de su blog) se construye a través de las palabras de Félix, de lo que selecciona para tratar en él, pero también se construye a través de sus silencios, y de los comentarios y respuestas que da a algunas opiniones. Todo ello conforma una obra abierta, en continuo proceso.

En “El bosque escrito”, están retratadas todas las inquietudes de Félix. Encontramos tres categorías principales: “Álbum familiar”, “Literatura” y “Miscelánea”. Curiosa estructura que demuestra que en la vida de Félix lo esencial era su familia y la literatura, y en otro cajón estaba todo lo demás.

En la sección titulada “Álbum familiar”, Félix Hangelini reflexiona sobre sus raíces; la patria tantos años perdida, su Habana; el sonido, el sabor, el color de su infancia; el exilio; los recuerdos que nunca tuvo; la melancolía.

Esta categoría está compuesta por nueve entradas, con unos títulos muy sugerentes. Como muestra voy a leerles un extracto de una de estas entradas, para que vean/lean ejemplificado lo que acabo de decirles. El espíritu decimonónico aparece aquí, como en otras muchas ocasiones, en forma de cuadro de costumbres:

 SIN IR MÁS LEJOS

Los recuerdos más intensos que tengo de mi niñez son olfativos. Caminar por las populosísimas calles de La Habana y respirar todo ese aire cargadísimo, caliente. Desde los solares de Regla hasta el olor a gas y a humedad del sótano del edificio donde nací, en el Vedado. Es curioso cómo siendo niño ya tenía una conciencia futura del recuerdo: me parece estar aún subiendo (creo que por única vez) la escalera mecánica de la tienda Fin de Siglo, o pararme frente a una de esas vidrieras de las calles San Rafael o Galiano, con sus escaparates que me parecían tan ajenos, los maniquíes cogiendo polvo, los mostradores con sus tapas de cristal grueso y el aire cargado de un olor a madera o a cajas de cartón o cola de pegar. Entonces me decía: “esto mismo algún día lo podré recordar con nitidez, así que presta atención a cada cosa”.

[…]

De alguna manera siento que mi niñez ha sido un evento necesariamente olfativo. Que mis recuerdos no serían los mismos si no estuvieran asociados con un perfume, una esencia, una fetidez o un simple olor que no pretendo clasificar. Esos mismos olores regresan a mí constantemente, como si me dieran una bienvenida continua al pasado. Y a pesar de sus distintos perfiles, todos son olores dulces que me conceden respuestas, que me enseñan el privilegio de haber sido testigo de un tiempo valioso. El privilegio de haber vivido y de poder contar con tanto detalle todos los eventos, los paisajes, las personas que vi y conocí.

 

En la categoría “Literatura” se incluyen veintiséis entradas en las que Félix sabe cómo divulgar sus conocimientos, de una forma cercana y clara. En estos artículos reflexiona sobre teoría literaria, poesía, narrativa, la labor creadora, la imaginación; incluye poemas propios y hace exégesis de su obra literaria.

Llama la atención, en el marco en el que nos encontramos, un artículo titulado “Las literatas” (publicado el 4 de agosto de 2010) en el que incluye un texto de Rosalía de Castro, una carta-manifiesto de 1866 en la que Rosalía se escribe a sí misma, a su alter ego literario: Eduarda. Rosalía dialoga con Eduarda, en un ejercicio de autoconvencimiento, sobre las constricciones que la sociedad tiene para con la mujer, relacionadas con el arte y con el amor:

Mi querida Eduarda:

¿Seré demasiado cruel, al empezar esta carta, diciéndote que la tuya me ha puesto triste y malhumorada? ¿Iré a parecerte envidiosa de tus talentos, o brutalmente franca, cuando me atrevo a despojarte, sin rebozo ni compasión, de esas caras ilusiones que tan ardientemente acaricias? Pero tú sabes quién soy, conoces hasta lo íntimo mis sentimientos, las afecciones de mi corazón, y puedo hablarte.

No, mil veces no, Eduarda; aleja de ti tan fatal tentación, no publiques nada y guarda para ti sola tus versos y tu prosa, tus novelas y tus dramas: que ése sea un secreto entre el cielo, tú y yo. ¿No ves que el mundo está lleno de esas cosas? Todos escriben y de todo. Las musas se han desencadenado. Hay más libros que arenas tiene el mar, más genios que estrellas tiene el cielo y más críticos que hierbas hay en los campos.

[…]

Dirás que trato esta cuestión como la del matrimonio, que hablamos mal de él después que nos hemos casado; mas puedo asegurarte, amiga mía, que si el matrimonio es casi para nosotros una necesidad impuesta por la sociedad y la misma naturaleza, las musas son un escollo y nada más Y, por otra parte, ¿merecen ellas que uno las ame? ¿No se han hecho acaso tan ramplonas y plebeyas que acuden al primero que las invoca, siquiera sea la cabeza más vacía? juzga por lo que te voy a contar.

La categoría “Miscelánea” es la que más entradas incluye (un total de 182) y en este tercer apartado Hangelini fija con la palabra escrita todas las cosas que vagan por su mente, -y que no son ni su familia ni la literatura-. Encontramos artículos de reflexión política, artística, microrrelatos, experiencias cotidianas, monólogos interiores, en definitiva, retazos de su alma de genio, de artista, de un hombre capaz de mirar la realidad mucho más profundamente que cualquier otro ser humano, capaz de fijarse en los detalles, en las pequeñas cosas de la vida y convertirlas en obra de arte, en Literatura.

Dentro de esta sección, he de pararme, tristemente, en la última entrada que Félix escribió, fechada el 3 de junio de 2012. Se titula: “Impasse” y en ella Hangelini cuenta sus impresiones nada más llegar a México y se pregunta qué hubiera sido de su vida si en lugar de venir a España -cuando salió de Cuba- hubiera ido a México, como era su primera intención:

IMPASSE

Estoy en la Ciudad de México y llueve. El silencio de mi estancia se interrumpe por estridentes tonos telefónicos o por la cercanía con que parecen volar los aviones, no sé si despegando o a punto de aterrizar. Cumplo mi cuarto día en un sitio donde pude una vez emigrar, y que hoy me recibe de paso; una ciudad monumental, caótica, desmesurada, como si la extensión sobre la altiplanicie pretendiera llenar un vacío en una forma barroca contemporánea. De día, sentado en la cocina mientras tomo una taza de chocolate, he sentido repicar en la calle las estridencias del carro de la basura. Todo en el Distrito Federal es estridencia: las voces de los comerciantes, los conductores gritando, los atestados comercios, los colores y olores, la brutal uniformidad de ciertas expresiones, la risa y la alegría, el horizonte volcánico, la fértil imaginación. También las esperanzas y los silencios.

Paseo de noche por la ciudad, y todo termina por ocultarse tras las luces. Toda esa maraña histórica, tremendamente rica, se difumina con las luces nocturnas, y sientes respirar la ciudad a pesar de sus contrastes, de sus avenidas incesantes, de sus iglesias, de sus glorietas donde puedes ver ensayar a jóvenes actores como si se tratase de una pareja de enamorados siendo filmados desde una esquina desconocida. Todo es como un comienzo, como una pregunta nunca hecha. Como un nido de vastedades sucesivas, interminables.

Estoy en la Ciudad de México y tengo gastritis mientras veo caer grandes chaparrones del cielo, y se mojan las sillas de madera de la terraza, la mesa llena de queso traído de Zacatecas, los enormes cristales impolutos. El cielo más cercano que nunca, antojadizo, volátil. Nada, sin embargo, me resulta familiar. Y me pregunto qué habría sido de mi vida hace más de diez años si hubiera empezado por aquí.

Sorprende que esta entrada sea la más comentada (66 comentarios), pero lo más sorprendente es casi todos están escritos después de su muerte. Amigos, compañeros, alumnos de Félix y la propia Lidia, su madre, con una fuerza sobrehumana, le hablan directamente a Félix Hangelini, porque saben que el poeta nunca muere.

El blog permite, de algún modo, seguir “conversando” con él, y mantener vivo, como decía  otro gran poeta, ese AMOR CONTANTE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE.

Muchas gracias.

“Seísmos”

Hoy os quiero hablar de un libro singular, único, diferente, sorprendente, una pequeña joya literaria que todos debéis conocer… Se trata de Seísmos, escrito por Javier Puche e ilustrado por Riki Blanco, y publicado por una magnífica e innovadora editorial, Thule Ediciones, cuyo catálogo y colecciones no dejan a nadie indiferente.

Seísmos son cuentos de seis palabras, microficciones que rinden tributo a Ernest Hemingway, puesto que fue él quien escribió sin saberlo el primer seísmo de la historia. Aquel temblor en seis palabras que dice: For sale, baby shoes, never worn (“Vendo zapatos de bebé, sin estrenar”). A mí, personalmente, también me recuerdan a las greguerías del gran Ramón Gómez de la Serna, quien definió a sus microrrelatos como la suma de: humorismo + metáfora.

En los “seísmos” de Puche también hay mucho humor, sarcasmo, ironía y juego que reta al sense & sensibility del lector. Retazos de esencia poética que reflexionan sobre los dos temas universales por antonomasia: VIDA/MUERTE, y sus correlatos meta-físicos EROS/THANATOS.

Un libro que no podéis dejar de (re)leer porque siempre sorprende, sacude, conmociona con imágenes nuevas, y en cada re-lectura afecta a una parte de tu alma/intelecto. Os lo recomiendo muy vivamente.

Aquí os dejo un magnífico vídeo-presentación del libro, realizado por Sergio Blecua. Espero que os guste y que dejéis que estos “seísmos” os sacudan profundamente.

Uno de mis libros preferidos

Nada de Carmen Laforet es, sin lugar a dudas, uno de mis libros favoritos. Una novela que me sigue sorprendiendo, que dice mucho en silencio, que muestra cómo la esperanza y la ilusión se topan muchas veces con la (des)esperanza y la (des)ilusión… Pero siempre hay una puerta que se abre, una escalera que se baja para comenzar una nueva etapa, un nuevo capítulo, una nueva historia.

Compré Nada en el FNAC de Callao, aprovechando un viaje fugaz a Madrid (por aquel entonces aún vivía en Málaga), un 29 de febrero de 2004, el mismo día que murió su autora, pero antes de conocer la noticia. Interpreté aquella casualidad como una señal (cosa que suelo hacer muy a menudo) y en esta ocasión no me equivoqué. Algunos años más tarde vendría a vivir a Madrid gracias a una beca de investigación del CSIC, para hacer una tesis doctoral dedicada a los premios literarios en España. El período que abarca mi trabajo arranca en el año 1944 -a propósito del primer Premio Nadal, que obtuvo Laforet por esta novela- y acaba en 2004. ¿Casualidades? Puede ser…

En esta novela confluyen muchas cosas que me apasionan: la historia cultural de la posguerra española, la narrativa contemporánea, los estudios de género, la mirada femenina de su autora, Barcelona, la Calle Aribau, la lectura…

Podría hablar durante horas de la novela y de su autora, pero lo dejo aquí… Prefiero que re-descubráis la prosa desnuda de Laforet, sus sueños frustrados y, sobre todo, la fe en la posibilidad de comenzar de nuevo…